El engaño (y el autoengaño) como forma de incrementar la inteligencia

El engaño (y el autoengaño) como forma de incrementar la inteligencia
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Cada vez hay más investigadores que sugieren que la inteligencia desempeña un importante papel en las estrategias del engaño, incluso en otras especies no humanas.

Por ejemplo, entre los monos hay una correlación entre el tamaño del necórtex y el uso del engaño táctico en la naturaleza, categoría que comprende cualquier clase de engaño que pueda ofrecer alguna ventaja evolutiva.

De la misma forma, el tamaño relativo del neocórtex ofrece una medida razonable de la inteligencia relativa, en particular de la inteligencia social. Tal vez también ocurre lo mismo con el autoengaño, tal y como explica Robert Trivers en su libro La insensatez de los necios:

Veremos más adelante que, dada una edad determinada, los niños más listos son los que mienten con más frecuencia. Imposible exagerar la importancia de este descubrimiento. Solemos creer que, a mayor inteligencia, habrá menos engaño, al menos eso es lo que imaginan los intelectuales. ¿Y si fuera cierto lo contrario, como creo que lo es? ¿Si, en promedio, la gente inteligente mintiera y se mintiera más a sí misma que los menos dotados?
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Enfocado de este modo, el engaño (y el autoengaño) es un procedimiento evolutivo del cual participan muchos jugadores que llevan adelante diversas estrategias con varios grados de engaño consciente o inconsciente.

La inteligencia, a juicio de cada vez más evolucionistas, aflora de una guerra maquiavélica de manipulación y de resistencia a la manipulación. Según las palabras de los investigadores William R. Rice y Brett Holland, de la Universidad de California:

Es posible que el fenómeno al que nos referimos como inteligencia sea un subproducto del conflicto intergenómico entre los genes que intervienen en la ofensa y la defensa en el contexto del lenguaje.

El autoengaño, además, puede constituir una forma de proporcionar una defensa psicológica hacia la realidad y los embates que amenazan nuestra felicidad y optimismo, como señala de nuevo Trivers:

Según esta última teoría, la felicidad tiene en entidad propia, forma parte de nuestra salud mental. Por consiguiente, vale la pena protegerla, y para eso contamos con un “sistema inmunitario psicológico” que defiende nuestra salud mental así como el sistema inmunitario orgánico progete nuestra salud física.

Imágenes | Pixabay

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