El problema de definir el "Yo" y la responsabilidad moral de un crimen

El problema de definir el "Yo" y la responsabilidad moral de un crimen

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Somos nuestros recuerdos, y nuestra identidad la construimos en función de los mismos. Esta idea ha sido explorada con mayor o menos profundidad en películas como Total Recall o Ready Player One, como disertamos hace poco en este podcast.

Sin embargo, habida cuenta de que los recuerdos no son fiables y cambian sin cesar, adaptándose a nuevas experiencias, ¿hasta qué punto podemos definir el Yo?

Recuerdos autobiográficos

El filósofo John Locke fue uno de los primeros pensadores que sostenía que la identidad personal surge de los recuerdos autobiográficos o episódicos. Si alguien pierde su capacidad de recordar o sus recuerdos se distorsionan, su identidad o personalidad acaba diluyéndose.

Los recuerdos autobiográficos, de hecho, son tan importantes que hasta los niños pequeños los conceptualizan de un modo distinto, como explica el psicólogo experimental Bruce Hood en el libro Las mejores decisiones, editado por John Brockman:

Hemos realizado estudios experimentales sobre la sensación de identidad personal que ha puesto de manifiesto la importancia que damos a los recuerdos almacenados en la memoria episódica, a los recuerdos autobiográficos. Por ejemplo, en el estudio sobre la supuesta duplicación de objetos, los niños aceptan sin ningún problema la posibilidad de que se pueda duplicar un hámster con todas sus propiedades físicas (incluyendo las que no ven), pero no tienen tan claro que se puedan duplicar los recuerdos de su memoria episódica.

Los recuerdos, sin embargo, no son reales. Disponemos de mecanismos inconscientes que redefinen la información para que encaje en un relato coherente. Nuestro Yo, pues, es una narración creada sobre la marcha. Somos un producto emergente de la diversidad de procesos que nos generan. Y eso afecta profundamente a nuestra idea de responsabilidad moral.

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Neuroética

La culpabilidad y la responsabilidad se estudian desde este punto de vista en el campo de la llamada neuroética. Según la neuroética, resulta difícil atribuir la culpa o la responsabilidad en ciertas situaciones, si bien nuestro sistema jurídico actual se basa en eliminar esta dificultad como si no existiera.

Por ejemplo, cuando se le realizó una autopsia a Charles Whitman, que en 1966 asesinó con un rifle a 17 personas e hirió a 32 en el campus de la Universidad de Texas en Austin, se descubrió que tenía un tumor muy grande en el cerebro que pudo haber anulado su capacidad de controlar la ira. ¿Whitman eran responsable? ¿Era culpable?

El debate no está cerrado. No sabemos aún dónde debemos trazar la línea. Pero, a medida que sepamos más a propósito del funcionamiento de nuestro cerebro, la línea tendrá que trazarse necesariamente en otros lugares.

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